jueves, 1 de diciembre de 2011

Quizás simplemente...


Y ahí estaba él, nuevamente, esperándola, observándola venir, amándola, necesitándola cada día más.

_ ¿Quién eres?-pregunto ella con su dulce voz.

_Tu esposo.- respondió él con un tono que sonaba monótono.

Y precisamente era porque todos los viernes de cada semana en el horario de visita, él debía responder lo mismo a la misma pregunta que su amada hacia siempre. Entonces, después de esta mágica palabra, aquella señora de aproximadamente unos 70 años, parecía recordar ciertos momentos, ciertos momentos que él mismo le había narrado semanas anteriores, recordaba las narraciones pero no las vivencias que eran narradas, aunque su imaginación era tan enorme, que ya los momentos estaban incrustados en su memoria como si nunca los hubiese olvidado.

_Te extrañe mucho mi pequeña Ofelia.- decía él con un tono muy adorable mientras con un movimiento un poco incierto, tomaba suavemente la mano de aquella mujer.

_ ¡Adelante!... pasa, que quiero que me cuentes más sobre nuestra vida juntos.- Dijo Ofelia muy entusiasmada con la visita.

Ambos caminaron, tomados de las manos, como dos jóvenes que conocen el amor por primera vez, el día estaba soleado, y aquel lugar era cálido, acogedor… se dirigieron al lugar de siempre, una banca en frente de una pileta, en la cual algunas ancianas lanzaban piedrecitas, pidiendo quizás algún deseo, quizás anhelando alguna visita, quizás extrañando a algún familiar, quizás simplemente deseando vivir algo diferente. Ofelia era afortunada, tenía quien la visitase, y aunque solo era un día a la semana, para ella ese día era el mejor de todos, durante la semana ni siquiera recordaba que él la visitaría, aunque a veces ciertas enfermeras la encontraban llorando y gritando a su amado, en alguna habitación en que encontraba soledad. Él era alto, como 7 años mayor que ella, tenía las manos grandes y una cabellera poco pronunciada, blanca como la nieve.

Ambos se miraron por un instante, sentados en aquel lugar, tomando y acariciando sus manos, él llevo una de sus manos al rostro de ella y lo acarició muy dulcemente, ella cerro los ojos y en ese momento ya nadie lanzaba rocas en aquella pileta, en ese momento el agua era multicolor y ellos eran los únicos en aquel mágico lugar.

_Nunca me has contado como nos conocimos… ¡Cuéntame!- dijo ella muy entusiasta, olvidando completamente que siempre, o la mayoría de las veces, la historia que él contaba, era sobre cómo se habían conocido.

_Fue hace muchísimo tiempo, ambos éramos jóvenes, con todas las oportunidades por delante. Sin embargo, lo dejamos todo por amor. Tú ibas a estudiar en la universidad, yo simplemente era carpintero. La primera vez que te vi fue visitando un circo, amabas los circos y era algo que teníamos en común. Me enamore desde el primer día en que te vi, buscaba tu mirada pero tú jamás me viste. Te busque por todo el pueblo, no fue tan difícil pues muy grande no era, pero si fue difícil conquistarte, no querías nada conmigo, tus amigas decían que yo no valía la pena… que era solo… un carpintero.

_Pero entonces me invitaste a salir, dijiste: Si no aceptas ahora, te seguiré hasta la muerte. Te encontré un poco loco, debo admitirlo, pero me pareció interesante salir contigo, ignorar los comentarios de los demás. –dijo Ofelia, con rostro de recordar aquellos momentos; no era así, es que esa historia ya se la había contado aquel carpintero, por eso podía recordarla.

_ ¡Sí!-dijo él riéndose. _y desde ese momento nos enamoramos completamente, tu debías irte del pueblo, a la capital para seguir tus estudios, yo no tenía dinero, no tenía nada más que un inmenso amor por ti… entonces tomamos la decisión más loca de nuestras vidas…

_ ¡Lo recuerdo! ¡Lo recuerdo!, nos fuimos con el circo, yo aprendí a hacer trapecio y tu aprendiste teatro, eras muy bueno en eso. Viajamos por todas las ciudades pues era un circo con mucha fama.

_Y vivimos los mejores momentos de nuestra vida. ¿Verdad?-dijo él mirándola directamente a los ojos, como si ahora fuese él quien olvidaba todo y deseaba que ella le dijese que eso era cierto.

El tiempo de visita se había acabado, era hora de irse. Era hora de pasar una semana más anhelando encontrarse nuevamente. Después de despedirse, al darse las espaldas, de los ojos de aquel arriesgado hombre caían un par de lágrimas, él miraba al cielo y pedía a Dios que ojala aquella hermosa mujer jamás se diera cuenta de que él… no era su marido, pero sin embargo él la amaba como si la hubiese conocido de toda la vida. De los ojos de ella también caían un par de lágrimas, ella esperaba que aquel desconocido nunca se olvidará de visitarla, si bien ella no recordaba nada de su vida, sabía perfectamente bien que aquel hombre no era su esposo, pero desde que lo vio, tan entusiasta contándole aquellas historias que ella suponía no eran ciertas, pero que sin embargo las sentía tan reales, se enamoró perdidamente de él. Él quizás se sentía solo, ella quizás se sentía sola, o quizás simplemente era amor. No debemos subestimar el amor, este puede aparecer en cualquier momento de nuestras vidas, ellos disfrutaban aquellas breves horas juntos, las disfrutaban al máximo porque se amaban, si bien eran perfectos desconocidos, las historias que él inventaba durante toda la semana para luego narrárselas a ella, ya estaban en las memorias de ambos, ya las habían vivido en cada espacio de su imaginación, ya tenían una vida juntos, por allí, en algún intangible espacio de este maravilloso mundo, en que cuando dos personas se aman, todo se detiene, y no existe nada más que un solo corazón, latiendo por dos entes diferentes pero tan iguales.

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Pd: Vi un documental sobre ancianos que tenían Alzheimer, fue realmente conmovedor, me hizo llorar y reír. A algunos de ellos nadie los visitaba, a otros, los visitaban algunos familiares, unos muy frívolos, otros con mucha alegría por ver nuevamente a sus ancianos. Pensé, que tal si un perfecto desconocido se hace pasar por algún familiar o amigo de alguien y lo visita todas las semanas, llevándole alegría, llevándole recuerdos, llevándole simplemente momentos de amor. A veces muchas de esas personas solo esperan que alguien llegue… “ALGUIÉN”, a veces quizás, no importa quién es ese alguien, a veces quizás, solo necesiten compañía.

5 comentarios:

Diego dijo...

hermoso *_* .....
se parece a la película de ¨"el libro de una pasión "

Unknown dijo...

Um texto maravilhosamente bem escrito
Momentos de felicidade que estão ao alcance de todos nós.
Umas vezes consegue-se esse milagre de acordar as pessoas e reviver o amor no presente.
Outras vezes o tempo parou e já não é possível remexê-lo

Nessa dijo...

Gracias Diego :D siii, quizas se parece un poco, muy linda pelicula por cierto :D

Nessa dijo...

Luis, muchas gracias por tu comentario :) Es muy gratificante para mi saber que te haya gustado, saber que alguién más lee lo que escribo me motiva a seguir haciendolo :) Gracias.

Anónimo dijo...

creo que alguna vez vi un corto que contaba una historia similar :) me gustó harto lo que escribiste :D